
El itinerario de este viaje comienza en Pinar del Río, la ciudad más
occidental de la Isla, y acaba en Guantánamo, la más oriental y atrasada de
todas las provincias cubanas. A lo largo del mismo visitamos las ciudades y
pueblos más importantes, algunos ampliamente conocidos dentro y fuera de
Cuba (Matanzas, Cienfuegos, Santa Clara…), pero otros casi desconocidos
hasta dentro del propio país, pues, en las últimas décadas, el cubano de pie
no ha tenido, ni la oportunidad, ni los medios económicos para visitar y
conocer su propia patria.
El mayor problema a la hora de viajar por
Cuba son los medios de transporte. Los vehículos son escasos y anticuados,
la impuntualidad grande y las rutas caóticas. La multiplicidad de
“automóviles” es tan grande como el ingenio de los cubanos para inventar
cada día uno nuevo, pero los más habituales son el tren, la guagua, los
taxis, los autos privados, los bicitaxis y los coches de caballos.
Aunque
Cuba posee una amplia red de ferrocarriles, los trenes son viejos, ruidosos,
lentos e impuntuales. El único que funciona con regularidad es el
Habana-Santiago. El resto circula ocasionalmente o, simplemente, no circula
desde hace meses o años. A cambio de estas dificultades, el viaje en tren
permite contemplar paisajes no habituales de Cuba y convivir con la
población más desfavorecida, que es la que tiene que acudir a este medio,
pues los pasajes son baratos, aunque a veces es difícil conseguirlos.
La
guagua es una de las mejores opciones para recorrer trayectos largos. Para
los extranjeros, y para los cubanos que se lo pueden permitir, lo mejor es
tomar las de la empresa Viazul, que son bastante nuevas, tienen aire
acondicionado, baño y televisión. Son muy puntuales y casi nunca van llenas,
pero hay que pagarlas en pesos convertibles. Para los cubanos están las de
la empresa Astro, que son algo más incómodas, y siempre van repletas. Se
pagan en moneda nacional, pero para conseguir pasaje hay que reservar hasta
con semanas de antelación, o hacer largas y penosas listas de espera de
horas y hasta días. Los extranjeros también pueden viajar en ellas,
comprando el billete en moneda convertible, y sin tener que hacer reserva ni
lista de espera, aunque a veces hay que ofrecer alguna “ayuda” para que
aparezca el pasaje.
Existe una multiplicidad de taxis oficiales, que
desde hace poco se han agrupado en una sola compañía (Cubataxi). Entre ellos
podemos encontrar desde Mercedes con aire acondicionado hasta viejos y
destartalados Lada con los apoyabrazos de madera. Todos deben llevar
taxímetro, aunque en muchos casos los taxistas prefieren “negociar” el
precio de la carrera con el cliente para… “ya tu sabes”. Un tipo especial
son los “almendrones o perrones”, viejos coches americanos, en variadísimo
estado de conservación y de limpieza, convertidos en una especie de taxi
colectivo, que recorren las ciudades siguiendo unas rutas establecidas, por
las que van recogiendo y dejando pasajeros a medida que quedan asientos
libres.

Muchos particulares, que tienen el privilegio de poseer coche
propio, ofrecen sus servicios a cubanos y extranjeros; son los llamados
“boteros”, y aunque su actividad es ilegal, son relativamente tolerados por
las autoridades. Con ellos es mejor negociar el precio de la carrera antes
de subir.
Los bicitaxis son bicicletas adaptadas, en mil y un modos, que
hacen pequeños recorridos dentro de las ciudades y los pueblos importantes.
Normalmente tienen dos plazas, situadas detrás del conductor. Es aconsejable
ajustar de antemano el precio del trayecto, pues los bicicleteros tienen que
pedalear mucho a lo largo del día, y a veces buscan ayuda en la cerveza y el
ron para tanto esfuerzo.
Los coches de caballos constituyen el medio más
barato y más incómodo, pero es el que resuelve el problema del transporte de
muchos trabajadores, sobre todo en ciudades pequeñas. Son colectivos, pero
aceptan el alquiler individual por un precio concertado.
Existen varias
empresas de renta de coches para los extranjeros, pero el precio del
alquiler es muy alto, el seguro nunca es a todo riesgo (no cubre el robo del
vehículo o de sus piezas), y el riesgo de algún pequeño percance es alto,
dado el estado de las carreteras de Cuba y el modo de conducir de los
cubanos.

En todas las grandes ciudades existen hoteles donde
alojarse, si bien su nivel de calidad es muy variable, al igual que sus
precios. Un medio más económico y con mayor oferta en todos los lugares son
las “casas particulares”. Consiste en el alquiler de una habitación dentro
de una casa o, a lo sumo, un pequeño apartamento independiente, por parte de
las familias cubanas que están legalmente autorizados para ello, estando
señalizadas con un cartel distintivo blanco y azul. La variedad de confort y
servicios es casi inagotable, pero es una buena manera de ir conociendo el
país desde adentro. La mayor parte de ellas ofrecen servicio de desayuno y
comidas, por precios módicos.
Comprender el sistema monetario cubano
es algo difícil, pues mantiene oficialmente dos tipos de moneda: la “moneda
nacional”, el peso cubano de siempre, con el que se paga el salario y los
servicios básicos, y el dólar convertible (CUC), inicialmente destinada al
mundo del turismo y de las transacciones internacionales, con una paridad
equivalente al dólar norteamericano (cuya circulación fue prohibida hace
unos años), pero que hoy es el único dinero que vale para comprar en las
“chopi” (shopping) la mayor parte de los productos básicos, nacionales o
importados, y que no se encuentran en las bodegas, tiendas que ofrecen los
productos que, aún hoy, hay que adquirir con la “libreta de abastecimiento”.
A esta complejidad monetaria, se añade el variado vocabulario con que los
cubanos han ido bautizando a unas y otras: fulas, chavitos, kilos, medios,
pesetas, piticlini…, una jerga que cuesta trabajo comprender. Lo más
aconsejable es obtener dinero en CUC y luego cambiar una moderada cantidad
en moneda nacional, con la que podemos pagar todo aquello que se vende
exclusivamente en pesos: comida o bebida en los puestos callejeros, la
entrada al cine o a una sala de música, libros, discos, etc.anos y cubanas